CASTILLO DE CULLERA

 

 

 

 

Aparte de la torre árabe de señales que  perdura junto al cabo, la ciudad conserva su castillo en lo alto del cerro, aprovechado para vivienda de frailes junto a la ermita moderna de la Viergen del Castillo, patrona de Cullera.

 

Después de la conquista de Burriana se fue el rey don Jaime con su ejército a la desembocadura del Júcar, poniendo sitio al castillo de Cullera; pero, por falta de abastecimiento de su ejército, falto de piedras para las máquinas de pelear (fondivol) y otros inconvenientes, desistió de tomarlo entonces, y se fue contra la torre se Silla y fuerte de Moncada, y el de Torres-torres y otras cercanas de Valencia. En Moncada y otras torres tomó gran riqueza de botín, que con los moros cautivos valió al rey respetable suma; y algunas torres de difícil conservación por la proximidad de Valencia las mandó derribar. La torre de Museros la dio el rey a los santiaguistas. Cullera y Corbera son dos castillos hermanados en su historia. Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, en 1.157, estando en el castillo de Estopañan, donó al maestre de la Orden del Hospital el castillo de Corbera o el de Cullera, a su elección. Alfonso II de Aragón le donó los de Corbera y Cullera para cuando llegasen a poder de los cristianos. Conquistados por Jaime I en el siglo XIII, donó a la Orden el de Cullera, reservándose el de Corbera, que entró a formar parte del patrimonio del infante Ramón Berenguer, hijo de Juan II. Ambos castillos volvieron luego a la Corona. Pedro IV, en 1.336 y 1.340, promete no enajenar jamás de la Corona a Cullera, a cuya promesa faltó dos años después, en favor del conde de Terranova, para saldar una deuda real con Valencia; y el castillo lo vendió a su copero Esteban de Aragón, con la oposición de Ximén Pérez de Arenós.

 

 

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