CASTILLO DE VILLENA

 

 

 

 

Castillo señorial con soberbio torreón en la cumbre del monte de la ciudad, cabeza del marquesado, que comprendía las poblaciones y castillos de Alarcón, Albacete, Alcalá, Almansa, Belmente, Bugarra, Cotillas, Chinchilla, El Bonillo, Garcimuñoz, Hellín, Iniesta, Jumilla, La Jorquera, La Roda, Logasa, Muniesa, Salinas, Salvatierra, San Clemente, Sax, Tobarra, Utiel, los Vélez - el Rubio y el Blanco -, Villanueva de la Fuente, Villarrobledo, Villena, Xiquena, Yecla, Zafra, etc. Esto fue desde 1.445, en que Juan II concedió el marquesado de Villena a Juan Pacheco; hasta 1.476, en que el marquesado se levantó en armas contra su señor Diego López Pacheco. Luego, los Reyes Católicos lo incorporaron a su Corona, por haber defendido el marqués, en unión del rey de Portugal, los derechos de Juana la Beltraneja contra el trono castellano de Isabel la Católica.

 

El castillo de Villena no sólo no era el único, sino ni siquiera el principal del marquesado. El subsistente de Villena muestra su gigantesca torre del homenaje, rodeada de cubos y murallas, en lo alto del monte de la ciudad, con revestimientos ya siglo XV, de la época de los Pacheco, grandes constructores de castillos, pero en la parte inferior del torreón hay dos bóvedas hispanoárabes.

 

El recinto murado, ya muy derruido, es obra mora. Más castillo que palacio, se yergue altivo en la cumbre antedicha. En su baluarte se refleja igualmente el poderío del marqués de Villena y el favor hacia él, de Enrique el de las Mercedes, en 1.336. De tal castillo gozaron, desde el siglo XIV, varios marqueses, entre ellos el turbulento Alfonso de Aragón, el literato don Enrique y el maestre de Santiago, Juan Pacheco, duque de Escalona.

 

Esta fortaleza, de origen romano, fue poseída por los árabes y conquistada por las huestes de Jaime I de Aragón - Artal de Alagón y Ramón de Folch -. A primeros de agosto de 1.240 fueron el infante de Aragón don Fernando, la caballería de Calatrava, don Pedro Coruel, don Artal de Alagón y don Rodrigo de Lizana a Villena, con máquina pedrera, mientras el rey Jaime I se fue a Cullera con sólo treinta de a caballo, pasando a Bairén, cuyo castillo rindió, cayendo poco después en poder de los cristianos también este de Villena, contra el cual llegó el vizconde de Cardona, don Ramón de Folch, con cincuenta de a caballo, desde Cataluña, para su conquista y la del vecino castillo de Sax; conquista de ambos castillos debida, como la de otros valencianos, al auxilio poderoso de los caballeros Templarios y Hospitalarios, ya que las órdenes militares creadas para las cruzadas a los Santos Lugares de Jerusalén se aprovecharon para la lucha secular contra los moros en España. El conquistado castillo de Villena, por el tratado de Almizrra, Jaime I lo cedió a su yerno el infante don Alonso de Castilla, con otros castillos, por pacto de transacción, a fin de que no le molestase en la conquista de Játiva y su castillo (año 1.248). Don Fernando donó este castillo y pueblo de Villena en señorío a su nieto Juan Manuel, el duque de Peñafiel. A su fallecimiento, ocurrido en Andalucía a comienzos del siglo XIV, pasó a su hija Juana, y su marido, Enrique el de las Mercedes, lo donó con título de marquesado, en 1.336, al infante de Aragón don Alfonso, de quien pasó al privado don Álvaro de Luna. Y más tarde, en 1.445, fue concedido a don Juan Pacheco, cuyo marquesado no hay que confundir con el anterior marquesado de Villena, que usó don Enrique de Aragón, el poeta cortesano, fallecido en 1.436, pues no hay que olvidar que en 1.420, al casar el infante don Enrique con doña Catalina de Talavera, el rey don Juan, su hermano, la dotó con el marquesado de Villena, con todos sus castillos, territorios, villas y fortalezas y con categoría de ducado. Pues bien: el duque de Escalona y maestre de Santiago, don Juan Pacheco, nuevo marqués de Villena, se levantó en armas contra los Reyes Católicos, en defensa del derecho de doña Juana la Beltraneja, como dijimos al tratar de su castillo de Belmonte, y Fernando V le desposeyó del castillo de Villena, que más tarde, en 1.811, volaron los franceses invasores, y que en la actualidad ha sido restaurado.

 

Tenemos que añadir que al tomárselo los Reyes Católicos al marqués de Villena, lo encomendaron al conde de Sástago, que lo tuvo en abandono, por no cuidarse, a veces, de nombrar lugarteniente suyo. Tuvo doble murado con doce torreones pequeños a su alrededor, de los cuales algunos perduran, aunque muy rebajados, la obra de aquél y de éstos es de mampostería. Hubo aljibe, más un profundo pozo. Las paredes de la gran torre son de 3 metros de espesor, en sus tres plantas superpuestas.

 

 

 

 

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