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ELDA

 

En el partido de Monóvar y misma cuenca del Vinalopó, como las anteriores fortificaciones antiguas de Elche. Es castillo ya sin interés alguno, Elda y Aspe fueron castillos alicantinos donados por Alfonso IV, con otras fortalezas y villas, a su hijo el infante don Fernando en 1.329, y cedidos por Pedro IV, en 1.383, a Hugo de Caviley, por 20.000 florines de oro. Aspe pasó al marquesado de Altamira, y Elda al condado de Puñonrostro.

 

 

GUARDAMAR

 

Fue este castillo alicantino de gran importancia militar antiguamente y conquistado a los árabes en 1.264 por Jaime I de Aragón; pero, en 1.332, los moros granadinos asaltaron la fortaleza y población que defendían los cristianos, llevándose más de mil cautivos. Al infante don Fernando le ganó Guardamar, por las armas, don Pedro de Castilla; pero no pudo rendir el castillo. En 21 de marzo de 1.829 un fuerte terremoto derrumbó el castillo y arruinó la villa. Ésta ha vuelto a reedificarse, pero no aquel, que muestra todavía sus escombros. En el centro del castillo quedó una espaciosa plaza de armas.

 

 

JÁVEA

 

Castillo donado por Jaime II - después que conquistó el de Crevillente - a su hijo el infante don Pedro en 1.323. La villa estaba fuertemente amurallada  y defendidas con torres sus cuatro puertas. Alfonso V la donó a su hermano el conde de Rivagorza. Volvió pronto a la Corona, y, finalmente, pasó al duque de Medinaceli, con el castillo.

 

Los muros y terrazas de la iglesia parroquial, como su torre-campanario, forman exteriormente un castillo, y frente a sus puertas góticas se arriman todavía grandes casetones.

 

La Torre Ambolo se encuentra en la parte superior del promontorio rocoso que forma el cabo frente a la Isla Descobridor. Se trata de una torre vigía de cuerpo cilíndrico, muy voluminosa y ataluzada. Debió ser construida en el siglo XVI por orden del virrey de Valencia.

 

 

MILLENA

 

Está a poco más de un kilómetro de este pueblo que pertenece al partido judicial de Cocentaina. Situado sobre una colina aislada de no gran elevación , junto a la carretera de Planes a Benilloba. Se conservan en pie bien pocas de sus paredes, estando sepultadas gran parte de sus dependencias, a algunas de las cuales, buenas y de paredes al parecer estucadas, se penetra aún hoy.

Se asegura que la montañita sobre la que se asienta este castillo está hueca y que por dentro de ella se puede hacer largo recorrido, saliendo al exterior bien lejos de aquél.

 

Desde este castillo, que tiene a su vista los de Cocentaina y Les Penelles, se domina un extenso valle hacia la cabeza de partido.

 

 

NOVELDA

 

Además del castillo marquesal de la Romana, posee esta ciudad el castillo de la Mola, sito en la sierra del mismo nombre, distante 4 kilómetros al norte de la ciudad y dominando la margen derecha del río Vinalopó. Algunos lo denominaban también castillo de Luna, por suponerse que en él estuvo preso el famoso privado don Álvaro, suposición no comprobada con testimonio histórico alguno. En su mayor parte está destruido ya este bélico monumento, quedando en pie dos torreones de sólida edificación y arrogante arquitectura, que por sí solos apenas justifican la declaración de monumento del Tesoro Artístico Nacional en favor de unas ruinas carentes de arte y de historia. Únicamente resulta curiosa una gran torre triangular de ancha base y truncada estructura.

 

En 8 de marzo de 1.304, desde Zaragoza, el rey don Jaime de Aragón otorga poderes a Gonzalo García, su consejero, para que reciba en su nombre los castillos de Ella y Novella, Elda y Novelda, entonces de Murcia,  del rey don Fernando de Castilla o del infante don Alfonso de Portugal, guardándolos para sí Pedro de Montagut.

 

 

ORIHUELA

 

Actualmente tan sólo puede mostrar las ruinas de su fortaleza árabe, que sobre el monte del seminario de la ciudad mitrada, la domina, a la vez que la cuenca del río. Este antiguo castillo fue fuerte aun después de la Reconquista, con torres, muros y foso, y últimamente estuvo guarnecido y artillado. Arquitectónicamente, poco de notable muestran las tristes ruinas de viejos torreones almenados y caídos muros: e históricamente podemos afirmar que la historia de este castillo es la misma que la de su ciudad, que defendió. En el archivo de la Corona de Aragón se conserva la carta de Jaime II al padre Ruiz de Sebria, de 5 de agosto de 1.295, mandándole que entregue a Simón Dezlor el castillo de Orihuela, que tenía en rehenes.

 

 

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