CASTILLO DE SANTA BÁRBARA

 

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Vetusta fortaleza que durante siglos fue verdaderamente inexpugnable, y cuyo origen posible se remonta a tiempos de los cartagineses, se cimenta en la cumbre de Benicantil, monte cónico, calizo, tajado hacia el sur. Está a 300 metros sobre el nivel del mar y conduce a él el camino que se inicia en la calle de la Concepción. Constituye el escudo heráldico de la capital. La subida al monte y visita al castillo puede efectuarse a toda hora. Al norte y oeste pueden verse distintos baluartes escalonados, de protección, y al sudoeste se desgajan las rocas en precipicio casi perpendicular. Hay restos de la antigua torre del homenaje. Y desde lo alto se domina toda la ciudad, su campo, el mar y esplendidos panoramas. El recinto que da entrada al Macho está formado por una muralla atribuida a los árabes, sobre la que descuella un torreón de la misma época. Perduran en este castillo segurísimas estancias, que, abiertas en la roca, lo mismo pueden servir de calabozos que de almacenes de municiones.  Queden también algunos pabellones para oficiales y resultan ya inútiles otras muchas construcciones. Los dos seguros caminos cubiertos que ponían en comunicación el castillo con las restantes fortificaciones de la plaza han ido también destruyéndose por la acción del tiempo. Últimamente, inservible ya la fortaleza para la defensa de la ciudad, se destinó a prisiones militares, con un pequeño destacamento para su guarnición. Pero este castillo de Santa Bárbara desempeñó un brillante papel en las guerras de pasados siglos por su situación ventajoso junto al Mediterráneo, al punto de considerarlo como llave de sus territorios algunos monarcas castellanos. En el siglo XVIII tuvo una guarnición de tres mil hombres, que proporcionaban los pueblos de la comarca.

 

Fundada Acra-leuka por Amílcar Barca y cimentándose el primitivo pueblo cartaginés a la sombra o en lo alto de Benicantil, es lógico suponer que sería fortificado el monte dos siglos antes de Jesucristo. Quince años después de muerto el caudillo cartaginés, en el sitio de Hélice (Elche), el castillo alicantino fue reedificado por Publio Escipión, al venir a Alicante. Quizá lo destruyó Witiza. Y en tal caso lo restauraron los árabes para defensa de su pequeña población marítima. Según el cronista Viravens, "...no puede determinarse de una manera cierta el orden de las fortificaciones que los moros tenían construidas en las alturas del Benicantil; pero se sabe que sobre la cúspide se erguía una torre denominada del homenaje, obra construida con tanto arte, que era punto fijo del mediodía, y por ella tomaban los pilotos la meridional. Este fuerte, inexpugnable por su naturaleza e inaccesible por la fragosidad de la subida, se comunicaba con el pueblo árabe por medio de un camino subterráneo, del cual existen aún vestigios". Otro autor, J. Pastor de la Roca, hace varias  conjeturas de esta fortaleza durante la dominación romana: pero en ella brilla más la imaginación que la crítica histórica. Incorporado Alicante a los dominios de Fernando III de Castilla, el príncipe don Alfonso se posesionó del castillo en 4 de diciembre de 1.248, festividad de Santa Bárbara, dándole este nombre al castillo en sustitución del de Benicantil, que le dieron los árabes, como el cerro que lo sustenta, y además le dedicó una capilla a la santa, en cuyo templo, hasta el siglo XIX, se le celebraba fiesta anual por el pueblo, con alegre romería. Jaime II de Aragón, en 1.296, conquistó personalmente el castillo a Castilla, pretextando ser del reino de Murcia, por cesión de Fernando de la Cerda a la Casa de Aragón. Por la importancia militar de este castillo, a fines del siglo XVI, se demolieron las obras de los árabes para construir otras más fuertes, por acuerdo de los justicias y gobierno de Alicante. Se respetó la torre del homenaje, culminando la cumbre del cerro, pero añadiéndosele un baluarte hacia la torre de la Batalla, en cuyo la había reñido fuertemente Jaime II de Aragón. A esta torre de la Batalla se unieron dos ciudadelas, y a la derecha de la del homenaje se construyó otro baluarte seguido del torreón de la Matanza, vulgarmente Cap de Server. Las alturas quedaron encerradas por otras fortificaciones que vienen a terminar en la puerta principal del castillo, situada al nordeste. Según Bendicho, el costo de las murallas de la época citada ascendió a 6.000 ducados, terminando las obras a fines de la misma centuria decimosexta, en que desapareció la torre de la Batalla, reinando Felipe II. El ruinoso estado de puentes, muros y defensas del castillo, en el último tercio del siglo XVII, motivó otra reparación del mismo para evitar su ruina y poderlo artillar en defensa de plaza. Y durante la guerra de Sucesión un importante papel, pasando, sucesivamente, la posesión del castillo, de uno a otro bando beligerante, según las victorias de Felipe o las del archiduque. Las huestes borbónicas, tras de la capitulación de los ingleses en 1.709, hallaron en este castillo cuatro morteros y ochenta y seis cañones. Cuatro años después se edificó nueva capilla a Santa Bárbara, que una explosión ocurrida en 1.812 hizo volar. A final del siglo XIX se desmontó la artillería de la fortaleza, que, convertida en prisiones militares, es ya sólo un recuerdo histórico y un testimonio de cariño y de respeto para los alicantinos amantes de sus glorias.

 

El castillo de San Fernando se construyó sobre el monte Tossal durante la guerra de la Independencia contra los franceses durante el año 1813. Se hizo con el propósito de ser una prisión y para reforzar las posibilidades de defensa del castillo de Santa Bárbara. No se llegó a estrenar, ya que en Alicante no llegó a haber ocupación francesa, eso sí, por poco, pues el general francés Louis-Pierre Montbrun bombardeó la ciudad el 16 de Enero de 1812 desde la zona de Altozano (cerca de la Iglesia de Los Ángeles). Según parece, fue un adelanto del ataque real que pretendía efectuar para tomar la ciudad, que no se produjo porque el general y sus tropas ese mismo dia se fueron a Francia, requeridas para la invasión de Rusia,por lo que fue una obra que se construyó deprisa y mal, pues al poco tiempo empezó a mostrar deficiencias, además de ser militarmente inútil, a la vez que costosa.

 

El nombre de "San Fernando" fue puesto en honor de Fernando VII.

 

En la actualidad el Castillo de San Fernando presenta un estado de abandono alarmante, provocando las quejas de los alicantinos, que ven como este paraje se ha convertido en un lugar sucio e inseguro (vamos, que lo que hay por allí, o se ha roto con el tiempo, o lo han roto los gamberros que no tiene otra cosa que hacer) . se construyó un parque temático sobre el monte Tossal, pero a los pocos meses evidenció lo que era: una obra pre-elecciones hecha deprisa y mal. En las laderas del monte Tossal está la ciudad deportiva de Alicante, además del conservatorio de música y el instituto "Jorge Juan".

 

Aparte de estos castillos (el de Santa Bárbara y San Fernando), la ciudad estuvo antiguamente murada y flanqueada por las torres de Roig, San Nicolás y San Cayetano, más los baluartes de Ramiro, San Carlos, San Francisco, Purísima y Santa Faz

 

 

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