MONTAÑAS

 

 

Las montañas alicantinas pertenecen al sistema Bético de directriz suroeste-noroeste. Son relieves enérgicos, alzados en paredes y crestas afiladas que se han labrado sobre duras calizas de tonalidad blanca o rojiza. En su impulso, las montañas béticas logran llegar en la Marina Alta y La Marina Baixa, hasta el mar, donde se zambullen en espectaculares acantilados. Los airosos cabos de Sant Antoni, de la Nao o Moraira, el Morro de Toix, el Penyal d'Ifac, la Sierra Helada, etc. Alternan con calas y playas de aguas transparentes en un paisaje de gran belleza.

 

En las montañas de la Marina Baixa, se encuentran la mayoría de los picos de mayor altitud de la Comunidad Valenciana; Sierra Aitana con sus 1510 metros o el pico del Puig Campana, con sus 1406 metros, son las alturas más importantes de la provincia de Alicante.

 

SIERRA AITANA

 

Importante sistema montañoso de naturaleza caliza, formado por varios macizos. El del Ponoig (1.181m., Polop) y el Puig Campana (1.410 m., Finestrat) atraen escaladores de toda Europa a sus espectaculares paredes y cresteras. La Sierra Aitana culmina a los 1.558 m. y en su vertiente norte se encuentran rebollares e interesantes parajes (Simes de Partagat, Font Forata). Las poblaciones de Sella, Alcolecha, Confrides o Benifato rodean la Sierra Aitana.

 

En su cumbre pueden divisarse antenas radar militares de forma esférica y otras correspondientes al emisor de televisión. Por el SE la sierra termina en peñón o morro de Ponoig y por el collado del Llamp se une al macizo del Puig Campana.

 

MONTE PONOIG

 

Historia de un león dormido.

 

Desde siempre los habitantes de Polop de la Marina han convivido con la silueta de un gigantesco “León Dormido”. Se trata del Monte Ponoig, una mole que vierte sus mejores precipicios hacia el sur. Una cálida opción de fácil acceso pero que alberga trazados comprometidos sobre una de las “tapias” más largas de toda la costa levantina.

Desde su primera escalada, hace 30 años, hasta el momento, 41 itinerarios jalonan las paredes sur y este sobre un magnífico decorado calcáreo con el mar Mediterráneo como telón de fondo.

 

Por los años 70, en Polop de la Marina se respira un profundo y agradable olor de azahares. Hace ya tiempo que se han adueñado del lugar los árboles frutales: nísperos, almendros, naranjos, etc. y por encima del característico perfume una gigantesca silueta de caliza blanquecina extiende su figura y se deja ver desde la mismísima costa. La que contemplaron los musulmanes cuando entonces arrancaban a estas tierras viñedos para elaborar vino y pasas.

 

Igualmente al botánico valenciano Antonio José Cavanilles, allá en el siglo XVII cuando el rey Carlos IV lo envió a estudiar los encantos naturales de estas y otras tierras, no debió pasarle desapercibida y, sin duda, debió acercarse suficientemente. Como lo hiciera en el Peñón, ya ascendido por aquel entonces, o en el menos conocido Cabeçó d’Or, al que no tuvo reparos de coronar por vez primera, según cuentan los libros.

 

Más reciente a nosotros, hace un siglo escaso, desde sus expediciones literarias, el escritor alicantino Gabriel Miró ya se fijó en ellas animándose a rebautizarla como ya muchos debieron haberla imaginado en la intimidad: un plácido león dormido. Pero de momento nadie se percata por encima de Polop de un matiz que reclama en silencio esa singular porción de paisaje. A los ojos de los lugareños son sólo unas bonitas paredes, allí, por encima de su bonito pueblo.

 

Nadie que las admire desde su individualidad, nadie que las codicie. Han pasado ya 15 años desde que alguien desafió la vertical pared norte del peñón de Ifach y la mitad de años para conseguir dibujar la primera escalada en el vecino Puig Campana. Mientras, el León muy a la vista (desde la ancha playa se le puede contemplar) disfruta de su eterna siesta sin que nadie le moleste.

 

Un día de 1970, los ingleses Brian Royle y Kim Meldrum se acercan a lo que, con un poco de imaginación, podría ser la peluda oreja y la trepan hasta la nuca. Callan de momento, pero ya de vuelta en su país, envían sin querer una postal en forma de artículo, donde se puede leer: "Sus paredes se elevan con presuntuosa grandeza dolomítica junto a la costa alcanzando hasta los 600 m de altura". Ya lo sabíamos pero el lector inglés no y el texto no repara en piropos: "Región con un enorme potencial (...) cimas apenas visitadas de un gran atractivo (...) grandes áreas de escalada del futuro"...

 

No tardaron pues los valencianos en encaramarse, esta vez más a la izquierda, donde el paño de pared es sustancialmente más largo. Y entre ceja y ceja (con un poco más de imaginación) Javier Pí, Joan Adalid y Carlos Torregrosa logran recorrer, tras varios intentos, la gran cabeza del León. Ya estrenado el primer espolón como de los Ingleses, esta vía, de corte más atrevido, habría de llamarse la de los Valencianos…

 

Una vez descubierto el tesoro, todos los escaladores soñaron con su correspondiente subida, y no tardaron en desembarcar los catalanes. Con un trazado más corto pero también más concentrado que no dudan en bautizar como Cataluña.

 

En las dos temporadas siguientes los valencianos rematan el trabajo. A finales del 75 suben estos por el mismo centro de la cara Este. Una atrevida vía donde les  sorprendió una copiosa. Los valencianos también reparan en que, al girar, la pared gana desnivel y dos de ellos, no dudan pasado el verano en volver a colgarse esta vez sobre el sector orientado hacia el sur. La vía Salvador Allende sería el primer itinerario que transcurra sobre el impresionante sector izquierdo de la pared.

 

Los itinerarios o senderos ecológicos señalizados, sirven para descubrir la flora, fauna y por supuesto el paisaje, hoy en día tan deteriorado por los últimos incendios forestales. Al mismo tiempo debe servir como nuevas alternativas al turismo de montaña, deseoso de conocer el interior de nuestras montañas, aunque deseamos que la comarca esté bien resguardada de los desaprensivos de siempre.

 

PUIG CAMPANA

 

La sierra del Puig Campana se encuentra situada en el término municipal de Finestrat. Con sus 1.406 metros, es la segunda altitud de la provincia. Se trata de una sierra áspera y rocosa, de empinadísimas vertientes, cubiertas de largos pedregales. La nota más característica de esta majestuosa sierra, la constituye el denominado Tajo o Cuchilla de Roldán, que forma una colosal hendidura en la crecería de la montaña. Si se observa a una cierta distancia, presenta la forma de una campana. Mantiene una continuidad con la Sierra del Ponoig, y está formada en su parte media de roca caliza cretácica, y en su parte alta de grandes bancos de calizas denominadas nummulíticas.

 

El clima es suave aunque con temperatura más frías a medida que se asciende. Suelen caer nevadas en sus partes más altas en los meses de invierno. Existen antiguas neveras, hoy en día muy deterioradas, en su cara Norte donde antiguamente se conservaba la nieve para su posterior venta.

 

La sierra del Puig Campana, contiene una de las mayores reservas botánicas de la comarca de la Marina Baixa , por vivir allí algunas de las especies endémicas.

 

La vegetación está formada por tomillares abundantes en la base como el tomillo común (Thymus vulgaris), teucrio, rabo de gato y la coronilla de fraile. Hasta los 700 metros de altitud, se encuentra la argilaga, estepa blanca, romé mascle, cepeyo o brezo, enebro o ginebro y madroños. El pino carrasco y el algarrobo se encuentra en casi todos los pisos de vegetación. Se cultiva el almendro y el olivo. La higuera está asilvestrada.

 

Subiendo hasta los 900 metros, aparece otra vegetación variante con es el tino o llorerer (Viburnun tinus), aulaga negra, estepa negra, espligol (Lavandula latifolia) y los asperones.

 

A partir de los 900 metros y hasta los 1.200 de altitud, aparecen pequeños bosquecillos de encinas, de lo que fue un bosque que se extinguió para hacer carbonera. Encontramos la encina o carrasca (Quercus Ilex), arce mediterráneo (Arcer opulifolium gratanenese), fresno o fleix y la pomera bort o villomera.

 

En los despeñaderos, encontramos el helecho asplerio, la escabiosa, hieracios, anteojos, vulneraria, campánulas y la corona de rey. En los pedregales, uvas de pastor, boca de dragón y hierba de san Roberto, por citar algunas.

 

A partir de los 1.000 metros y hasta la cumbre, vemos con el clásico matorral de montaña mediterránea, están los erizos o coixí de monja, torbisco de alta montaña, bocha blanca, aliso espinoso y salvia.

 

Cuenta una leyenda, que el gigante Roldán, enamorado de una lugareña moribunda, consultó a una bruja y ésta le dijo que cuando se ocultara el sol moriría. Ante lo cual dio un gran tajo a la montaña y de una patada mandó el trozo al mar, originándose así la Isla de Benidorm. Por la hendidura dejada, pasó el sol, así alargó el día y tiempo de vida de su amada.

 

 SIERRA DE BERNIA

 

Cerca del N, orientada NW a SE, desde las cercanías de las fuentes del río Algar en Callosa d’En Sarrià, hasta el mar por la zona del Mascarat. Divide geográficamente el territorio en dos comarcas, la norte "Marina Alta", y la sur "Marina Baixa". En su parte más alta (1.129 metros) se pueden observar los restos de un castillo mandado construir por Felipe II como defensa militar contra los moriscos.

 

Se extiende perpendicular a la costa entre Callosa d'en Sarrià y la Punta de Toix con su afilada cresta caliza que alcanza los 1.129 m. Al sur de la cumbre se encuentran los restos del Fuerte de Bernia, mandado construir por Felipe II para controlar posibles rebeliones de moriscos y con una privilegiada panorámica sobre la bahía de Altea. Es recomendable el itinerario que parte de Cases de Bèrnia (Xaló) por la vertiente norte hasta el Forat de Bèrnia, espectacular cavidad que cruza la cresta. Una vez atravesado se regresa por la vertiente sur, pasando por el Fort y el Pas d'Ovenga.

 

SIERRA HELADA

 

Partiendo desde la Cruz, la senda discurre claramente marcada e indicada con marcas blancas y amarillas.

 

En algunos tramos tendremos que estar atentos a no perder la senda ya sea porque discurra por encima de las rocas o por entre la vegetación; en todo caso deberemos mantener la altura si no queremos perder la senda original. El trayecto tiene continuas subidas y bajadas.

 

A mitad del camino, en una de las vaguadas, encontraremos un rodal de pinos que nos servirá de zona de descanso y nos ofrecerá una preciosa vista de la Isla Mitjana o Peñas del Arabí. Tras pasar por unas ruinas situadas en uno de los altos, nos encaminaremos hacia el repetidor de T.V. donde enlazaremos con la carretera que sube hasta él.

 

A unos 50 m. antes de llegar a la entrada de éste, tomaremos a la izquierda una senda que conduce al Faro del Albir, concretamente en el área recreativa instalada por el Ayuntamiento de Alfaz del Pi. Desde aquí, atravesando las urbanizaciones llegaremos hasta el Albir donde iniciaremos el camino de vuelta a casa.

 

El grado de dificultad de esta senda está marcado por la proximidad de los acantilados y por la ausencia de fuentes, lo que nos obligará a llevar provisión de agua y a prestar atención a aquellos tramos en los que la senda discurra cerca de los cortados. El hecho de que este camino no haya estado marcado claramente durante mucho tiempo ha originado que surjan múltiples sendas alternativas, que aunque no todas nos conducirán a nuestro destino, recomendamos usar la senda marcada en blanco y amarillo, al ser la más segura sin perder el encanto de unas preciosas vistas.