PRÓLOGO

 

Madrid, habitada desde el paleolítico, olvidada y casi perdida durante siglos, renacida en la Edad Media, capital de las Españas por decisión del Rey Prudente, celebrada y famosa, a la par que criticada y pueblerina, villa y capital, es hoy la cuarta ciudad de Europa y el lugar donde viven más del quince por ciento de los españoles.

 

Madrid, castiza y pequeña, celebrada por Gonzalo Fernández de Oviedo, por Lope, por Calderón, por Tirso, por Moratín, por Mesonero Romanos, por Ramón Gómez de la Serna, se ha hecho esta ciudad apretada, universal, multitudinaria, de tráfico americano, cultura europea y clima africano que es, en parte, hoy.

 

Madrid, entrañable, simpática, cordial, charlatana, golfa de majas y duques, torera de la Plaza Mayor a las Ventas, protagonista de la Zarzuela, cantada por Chapí, Chueca, Fernández-Shaw, Moreno Torroba, creadora de un género musical, es, sin querer dejar de ser lo que fue, ciudad de congresos, de ferias, de gentes nacidas aquí y allá, de Bancos, de grandes empresas, capital industrial y financiera de España.

 

Madrid, capital de Arte, como Roma o como París, por más tiempo que Florencia o que Amberes, ha dado su luz y su paisaje a Velázquez, su alegría, sus fiestas y su heroísmo a Goya, sigue siendo cuna e inspiración de pintores, escuelas y artistas que encuentran en ella el ambiente y la fuente de su afán creador. Madrid, descrita en el siglo XVI por Fernández de Oviedo como: "región muy templada, é de buenos ayres, é limpios cielos; las aguas muy buenas, el pan é vino muy singulares de su propia cosecha, é en especial lo tinto muy famoso, é otros vinos blancos, é tintos muy buenos; é muchas é muy buenas carnes de todas suertes, é mucha salvagina, é caza, é montería de puercos, é ciervos, é gamos, é corzos, é muchos, é muy buenos conejos, é liebres, é perdices, é diferentes aves; é toros los más bravos de España, de la ribera del río Xarama dos leguas de Madrid'; es hoy, en cambio, problema en la pureza de sus aguas y de sus aires.

 

Esta es la encrucijada de Madrid, conservar su pasado, vivir su presente, preparar su futuro.

 

Madrid, en menos de cincuenta años, ha pasado de capital tranquila de conversaciones peripatéticas y de ciudad de tertulias y cafés, a urbe cosmopolita, de velocidad motorizada y sin charla, a una ciudad cuyas calles, a las ocho de la mañana, bullen de actividad y en la que no hay lugar recoleto.

 

Historia, en las Descalzas, el Dos de Mayo, la Plaza Mayor o las Cortes.

Arte, en el Prado, Liria, en la Puerta de Alcalá, en el Puente de Toledo o San Andrés, Literatura, en la calle de las Huertas, en sus teatros, en la Zarzuela, en su calle Ancha.

Tradición y fiesta popular, en las Vistillas, el Rastro, la Gran Vía, la Paloma, San Antonio de la Florida o Chamberí.

Naturaleza y jardín, en el Retiro, la Alameda de Osuna, la Casa de Campo, el Campo del Moro o El Pardo.

Tradición religiosa, en los Jerónimos, San Francisco el Grande, Santiago, Noviciado o la Almudena.

Actividad industrial o comercial, en Villaverde, Legazpi, el Matadero o Vallecas.

Cultura y técnica, en la Ciudad Universitaria o en las estaciones de Príncipe Pío, de Atocha o de Delicias. Madrid fue todo aquello y mucho más.

 

Pero es simultáneamente: Urbanismo renovado en la Ciudad Lineal, el Barrio de Salamanca o el Viso y urbanismo perturbador en el Barrio del Pilar, en la Castellana, en Orcasitas, en el Pozo del Tío Raimundo o en la Carretera de Andalucía.

 

Problemas de asentamiento urbano, en el Puente de los Tres Ojos, en Palomeras, en la Celsa, en el Tejar de Luis Gómez, en Carabanchelo en Valdece!ada. Urbanizaciones equivocadas, densificadas, con faltas de equipamientos locales, en Lavapiés, Orcasitas, Vallecas y Canillas.

 

Barrios nuevos, con una forma de vivir diferente, con sus ventajas y problemas, en Puerta de Hierro, Niño Jesús, Moratalaz, la Dehesa de la Villa, Aravaca, Parque de las Avenidas. Nudo de tráfico, en Atocha, en Barajas, en la Estación de Chamartín, en la M-30, M-40, M-50 o en la Plaza de Castilla.

 

Madrid, se ha dicho, es una síntesis o un crisol en el que todo el que llega se funde. Que es de los madrileños de opción como de los de nacimiento. ¡Nadie es extraño o forastero en Madrid!.

 

- ……….. -

 

Parte de un texto del que desconocemos su autoría.