CREENCIAS

NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA

 

La Almudena una imagen traída por Santiago y dada a San Calocero

 

Su prestigio no sólo se debía a su antigüedad, sino en gran parte a la veneración dada a la Virgen de la Almudena, considerada siempre como Patrona de Madrid, y sobre la cual corrían historias legendarias que se unían a las del propio pueblo de Madrid. Según la tradición recogida por los historiadores madileños destacando, sobre todo, Quintana y Vera Tassis , escritores y poetas como Lope de Vega Calderón y otros, decían que tenía su origen en una imagen traída por Santiago y dada a San Calocero (así como la de Atocha había sido traída por San Pedro), según se contaba en uno de los pilares de la iglesia:«Es tradición antiquísima que cuando el apóstol Santiago vino de Jerusalén a predicar a España trajo a la milagrosisima imagen que hoy llaman de la Almudena a esta coronada villa de Madrid y la coloco en esta iglesia en compañía de uno de sus doce discípulos, llamado San Calocero, que fue el primero en ella el año 38. Es la primera que adoró esta villa y por la misma tradición fue labrada viviendo Nuestra Señora por San Nicodemus y colorida por San Lucas, como consta de muchos autores».

 

Enfrente de la puerta principal y en otro pilar había una lámina de bronce que contaba lo siguiente:

 

«Es tradición antiquísima que la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena fue la principal que se adoro en Madrid traída a ella de Jerusalén por el apóstol Santiago. En la pérdida de España la escondieron los fieles de esta villa en uno de los cubos de la muralla, donde estuvo 376 años. Restaurado Madrid mediante las oraciones y ayunos de los devotos que tenían heredada la devoción de esta santa imagen, sin saber el lugar donde estaba escondida, se cayo milagrosamente el cubo que la tuvo oculta en el riesgo, donde se apareció tan incorrupta la materia de que es fabricada como si aquel día fuese labrada de nuevo y hoy esta con la misma entereza».

 

Se añadía que se encontró en un cubo de la muralla entre dos cirios encendidos, tal y como la habían dejado los fieles que la habían escondido, al igual que había ocurrido con el Cristo de la Luz, de Toledo. Fue trasladada a la mezquita, que se había convertido en iglesia. Quedó siempre en el recuerdo el lugar del hallazgo, como se manifiesta en el portillo que mandó hacer Felipe V al ser derribada la Puerta de la Vega: colocando una escultura en piedra de la Virgen y una inscripción para recordar el hecho, manteniéndose esto mismo más tarde, al realizar las obras de la nueva catedral, con una hornacina para alojamiento de la imagen.

 

La escultura actual de la Virgen de la Almudena es del siglo XVI, de pie, con el Niño desnudo entre sus brazos, como si estuviera presentándole a los fieles. Sustituye a otra que sería del mismo tipo, como la que aparece en el Arca de San Isidro, pintada a fines del siglo XIII. La crítica actual desecha no sólo sus orígenes maravillosos, sino también el material, fuera de lo común que se decía, «materia de ignorado árbol..., apariencia de madera incorrupta, olorosa de cedro, como quieren unos; de enebro, como afirman otros; y en el sonido parece metal» escribe Vera Tassis. Según los últimos análisis realizados es de madera de pino que con el tiempo ha ido tomando un color avellana oscuro. Este color, que lo tienen muchas imágenes, para Ponz se debe a que «en la antigüedad el albayalde de que se hizo la encarnación, que no es otra cosa que plomo, se ha convertido en su natural color, a que habrá ayudado no poco el humo continuo de las luces».

 

La talla ha sufrido varias modificaciones para poderla acomodar a la moda de las imágenes vestidas, siguiendo la moda barroca; también una serie de restauraciones, siendo la más importante la realizada a fines del siglo XIX por Mulle de la Cerda, que intentó dejarla como fuera en sus orígenes.

 

Situación y emplazamiento

 

Estaba situada al final de la calle Mayor, en la parte llamada de la Almudena, frente al Palacio de Uceda (hoy Capitanía General), donde tenía su puerta principal; seguía por la actual calle Bailén, que era la fachada occidental; continuaba por la plaza de Santa María, y el ábside, en el callejón de la Almudena, en el que fue asesinado Escobedo.

 

Su lugar de emplazamiento era el recinto situado en torno al Alcázar que estaba rodeado de murallas, alcazaba o almudayna, propio de las ciudades hispano-musulmanas: por un lado, con muros al exterior dominando el campo, con salida directa por la Puerta de la Vega, y, por otro, con muralla interior a la medina o ciudad que se unía a ella.

 

SAN ISIDRO

 

Salida procesional, creemos la primera, del cuerpo incorrupto del santo.

 

En el año 1231 ante una gran sequía, sacan del arca exterior el cuerpo de San Isidro para colocarlo en un lugar de honor, suponemos que dentro de un arca interior que permanece abierta. Es entonces cuando el clérigo de Santa María de la Almudena corta unos cabellos del santo, que figuraron como reliquia en dicha iglesia. Treinta años más tarde es invocado nuevamente para pedir la lluvia, que al concederla, es sacado el santo cuerpo de su tumba. En 1266 San Isidro devuelve la vista a un clérigo de Madrid, restregándose los ojos con un trozo de lienzo que había sido cortado de la mortaja o sudario del santo, que periódicamente era sustituida, como veremos, probablemente por el interés que tenían las anteriores como reliquias. En 1275 señala el Códice una salida procesional, creemos que la primera, del cuerpo incorrupto del santo hasta la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, pidiendo lluvia, que concede. Es 1275 el año en el que acaba la relación de milagros del Códice y en torno a esta fecha debió realizarse la construcción del arca con los restos de San Isidro, con el fin de sacarlo en procesión de forma digna.

 

El rey Alfonso XI 1131-1-1350) acudió a visitar el cuerpo de San Isidro en 1344, y quiso que se pagasen al Alcaide de la Villa, Gonzalo Díaz, cuatrocientos maravedíes que había gastado en las fiestas organizadas con tal motivo. El primer monarca de la Casa Trastámara, Enrique 11 (1369-1379) vino a Madrid acompañado de su esposa Juana Manuel. Fueron a venerar el sagrado cuerpo, el arca, y la reina, queriendo llevarse una reliquia, separó el brazo derecho del cuerpo, no pudiendo cumplir su objetivo de salir con él de la iglesia. El brazo fue sujetado desde entonces con una cinta, estado en el que hoy se encuentra.

 

SAN ANTONIO

 

Venia un hortelano subiendo la cuesta de la Vega a lomos de su burro. El hombre azotaba al animal que le costaba andar por su pesada carga, pues llevaba dos alforjas enormes repletas de guindas maduras que llevaban al mercado. De repente un caballo paso muy cerca del asno a toda velocidad, este se asusto y coceo tirando a su dueño al suelo. El hortelano intento calmar al asno que no dejaba de cocear esparciendo toda la carga sobre la arena. El hortelano miro a su alrededor y vio la “alfombra roja” que se estaba extendiendo por el camino, desesperado cayo al suelo, entre sollozos pidió ayuda al santo de su devoción. Cuando levanto la vista, vio a un joven fraile sonriente que le pregunto al hortelano si necesitaba ayuda, el hortelano le dijo que ya no tenia remedio, su trabajo de meses estaba esparcido y aplastado por la arena. El fraile le animo a recoger las guindas aprovechables, se agacharon y empezaron a recogerlas. Cuando terminaron, el hortelano no podía creerlo, tenia las alforjas llenas de guindas relucientes. Agradecido le ofreció a la fraile dos puñados de guindas, pero el fraile le pidió que se lo llevara más tarde a la Iglesia de San Nicolás donde él estaría. Se marcho el hortelano rápido a vender sus guindas en el mercado para cumplir cuanto antes su promesa. Horas después se dirigió a la iglesia, con las ganancias en el bolsillo y una alforja casi llena de guindas. La iglesia estaba vacía, se arrodillo para rezar y al levantar la cabeza vio en lo alto del altar un retrato del fraile que le había ayudado, dejo las guindas a sus pies y fue a proclamar el milagro.

 

Desde entonces a san Antonio se le conoce como “el guindero” y el cuadro esta ahora en la Iglesia de Santa Cruz.